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Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

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Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Aclay Dacquel [Filipinas] el Lun Ene 30, 2012 9:34 am

Recuerdo del primer mensaje :

Un sonido crugió desde el interior del bosque, rompiendo el silencio sepulcral que reinaba desde el corazón hasta las afueras de éste. Feroz, doloroso y vacío, procedido por unos cuantos más del mismo estilo, como rugidos de la más terrible de las bestias que pudieran andar por esos intransitados y lejanos lares, excluyéndose a sí misma de la sociedad que habitaba a pocos kilómetros de su auto impuesto reclusorio. Un sonido penoso, agónico y devastado, como el aullido de dolor de algún animal herido.

...En realidad eran los rugidos de su estómago.

Maldijo por lo bajo, mirando al estrellado cielo mientras mordía su labio inferior con hastío al recordar aquella no tan lejana ocasión en la que había conocido a la vampiresa y, en circunstancias que todavía no alcanzaba a comprender, pocos minutos después pasaron de ser dos a tres, aunque esta tercera persona no duró mucho en pie por culpa de la 'hija de la noche'. Se preguntó entonces por qué, ¿¡por qué mierda se había hecho el exquisito dejando pasar la oportunidad de tener una cena decente!? ...Ah, sí: porque odia, ODIA que alguien consiga la comida por él, y peor aún si es con métodos poco 'convencionales'.
Estúpidos caprichos y estúpidas costumbres suyas. ¡Ahora se moría de hambre y lo único que tenía era una pila de bistecs comprados, ¡comprados! en una maldita carnicería de la maldita ciudad!. ¿¡Qué clase de Kelpie compra su comida!? ¡Y ni siquiera carne humana! ¡El jamás se habría comido a una pobre vaca en el pasado! (bueno, tal vez una que otra de postre, ¡pero no estaba dentro de sus preferencias!).

Volvió a gruñir, esta vez haciendo coro con su estómago, una vez se decidió a nadar hacia la orilla en la que estaban apilados junto a su ropa sus provisorios alimentos, que tendría que apurarse a comer porque con el frío invernal no bastaba para impedir la descomposición si bien ésta podría atrasarse un poco. Apoyó un antebrazo sobre la lodosa orilla y estiró la otra mano para tomar uno de los trozos de carne, examinándolo con una mirada entre molesta y quisquillosa. Pero bueno, era lo que había y, a no ser que milagrosamente viniera un equipo de fútbol gaélico borracho y se cayeran juntos al lago ahogándose absolutamente todos, esos malditos pedazos de carne eran lo único que tenía para saciar a medias su hambre.
-Malditos humanos. -Farfulló en voz baja, dando un bruto mordisco al primer bistec que tomó con la mano.

Pero bueno, dejándolo a él y a sus quejas de lado, era una noche perfectamente tranquila en el lago y sus alrededores, acompañada por el tenue cantar de los búhos y los ruidos provocados por demases animales nocturnos.

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Serafina González [NyoSp] el Jue Jul 19, 2012 1:44 pm

Con su pregunta desvié la mirada avergonzada. No era capaz de dar la cara tras haber escuchado sus sentimientos de primera mano...
Aquel vuelco de su corazón, había hecho que se me hiciera la boca agua de sólo imaginarlo... pero no, no quería hacerle daño, más que nada, por ser él...
Intenté retroceder, pero ya me había sujetado y si lo hacía ahora, le haría un daño doble...
Me arrepentí. Por un momento me arrepentí, de haber salido aquella noche, y le añadí una razón más a la muerte de mi creador. Me quitó la capacidad para llorar...
-Por favor... -susurré en un sollozo ahogado, mientras intentaba soltarme de su agarre con suavidad.- No... -le miré de nuevo, intentando que al menos comprendiese en mi expresión, que aquello era duro para los dos, pero no resultó...
-El caso es, que yo sí lo sé, Aclay... y es por eso, por lo que debo irme... -le espeté forcejeando un poco más fuerte, consiguiendo retroceder unos pasos, sin embargo no fue tan fácil, porque de forma inesperada fui sujetada de nuevo y para mi sorpresa y dolor, ocurrió lo peor que... bueno, lo segundo peor que podría haber pasado...

En mi país, un beso así, era lo mismo que una declaración de amor. Pero mi sorpresa fue aún mayor, cuando percibí el olor dulzón que tan bien conocía. No. Eso sí que no... Sabiendo que mi fuerza física en tierra era mayor que la suya, tuve un poco de cuidado, pero aún así, fui brusca...
De un suave empujón, le aparté de mí y con una rapidez propia de mi monstruosidad, me alejé hasta el árbol más cercano, agarrándome a su corteza con toda la fuerza que podía. Sin pensármelo le encaré, con un rostro que exhibía perfectamente mi dolor y mi furia. Más que nunca, deseaba poder llorar y desahogarme. Pero era imposible para un vampiro...
-¡No entiendes nada! -ante aquel feroz encuentro con la sangre, mi ojos finalmente pasaron a ser azabaches, sin rastro alguno de verdor. Se me aceleró la respiración a pesar de que no tenía necesidad de ello y de que luchaba por no oler la sangre.
Por un momento, avancé arrastrando conmigo la mitad de la corteza del árbol que sujetaba, soltándola a medio camino y acabando por agarrarle a él por el cuello con una sola mano, empotrándole contra uno de los árboles a su espalda.
-Podría matarte... -le gruñí entre dientes con una mueca que no tardó en cambiar- ¿es que no te das cuenta?... -aunque le agarraba con suficiente fuerza como para inmovilizarlo de cuello para arriba y para que no pudiera despegar la espalda del árbol, aflojé hasta soltarle, manteniendo la distancia a un par de pasos de él.
-...No quiero hacerte daño... -mascullé fijando la vista en la distancia del suelo que había entre nosotros. Eran más de cinco metros, mínimo... y con eso, no aguanté más y me derrumbé cayendo de rodillas al suelo y tapándome el rostro con las manos como si llorara. De echo, era igual que si llorara, excepto por la nula cantidad de lágrimas y mucosidad. Absolutamente nada... salvo sollozos sordos y respiraciones entre cortadas...

Tan sólo... no quería hacerle daño... sólo eso...
...sólo eso...

Finalmente, había ocurrido mi mayor temor... me había convertido en el depredador que en realidad era, en el responsable de la muerte de mis seres queridos, y, por último, en el más peligroso depredador de mi mejor amigo, y la persona a la que amo.
...Me había convertido en el ser más peligroso para Aclay...

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Aclay Dacquel [Filipinas] el Vie Jul 20, 2012 12:11 pm

Fue a partir del empujón que lo alejó de ese beso que inconscientemente había anhelado desde el primer momento en que aquel par de esmeraldas lo sumieron en su embrujo, que lo obligó a separar sus labios de los ajenos con una expresión contrariada de entre el enojo y la vergüenza; fue a partir de aquello que se mantuvo mudo, silente en su lugar de desamparo mirando, sólo eso, observando impasible cada movimiento de su furibunda acompañante. Como si de una cachetada imaginaria se hubiese tratado, se lamió el labio herido para hacerse con su propio hilo de sangre sobrante e infló el pecho con un porte autosuficiente.
No sentía pena de ella. Sólo ganas de volver a tomarla por los hombros para zarandearla hasta hacerla entrar en razón. Así, a su tan dulce y factible manera.

-Humanas, vivas, no vivas... Las mujeres dan todas tantos rodeos. -Farfulló rodando los ojos como si todo aquel drama, como si ese amor que estaba por hacerlos explotar a los dos, se tratase de la situación más cotidiana y solucionable del mundo. Y es que era pensar en eso, o ser él quien se desplomara en el suelo para gritar, para llorar por esos sentimientos que jamás lo habían atacado, que lo confundían y lo hacían sentirse como un maldito crío recién nacido.
Y comenzó a enojarse en serio apenas su espalda fue atrapada contra el tronco de un árbol detrás suyo y su cuello, retorcido bajo los fríos dedos vástagos, clamó por un poco de aire apenas logrando soltar un sonido silbante y agónico de quien, más que no poder respirar, no puede decir algo que desea hace mucho tiempo. Sólo le quedó esperar con los labios entreabiertos y mucha paciencia hasta que pudo volver a respirar y separar la espalda del árbol, de ese tronco al que comenzaba a envidiar por parecer siempre tan ameno, tan controlado, tan... insensible. Porque, a esas alturas, realmente extrañaba el tiempo en que podía considerar enterrados a sus sentimientos, a sus deseos y a todo lo que pudiera causarle problemas como el que estaba teniendo ahora.

Llevándose una mano al cuello en el cual ya comenzaba a marcarse la irritación causada por el atrevimiento ajeno, dio un paso adelante y bajó la mirada con el fin de contemplar a la más joven en el apogeo de su sufrimiento. Un paso más. Otro, otro, y finalmente terminó por arrodillarse frente a ella dejando que las rodillas se le hundieran en el fango de la orilla y que una de sus manos se alzara por sí misma para tomar uno de los mechones de cabello impropios, mirándolo con devoción antes de hablar con un susurro que no se molestaba en esconder su irritación.
-Me siento muy ofendido. -Comenzó su monólogo formando un rizo con el dedo índice en las hebras castañas- Primero insultas mi orgullo apartándome de un beso que no sabes el esfuerzo que requirió. Segundo, me comparas con uno de esos frágiles humanos al creer que me harías daño con una estúpida mordida que créeme, querida, es la cosa que menos temo de ti. Luego rechazas un gesto que tú misma hiciste primero conmigo: obligarme a comer. -Soltó el mechón de suave cabello para, con esa misma mano, tomar su mentón y así alzarle el rostro para clavar la mirada en aquellos ojos oscuros y anhelantes que no, no eran esas tan preciadas incrustaciones esmeralda, pero seguía siendo la mirada de la única mujer en siglos que había lograrlo sacarlo de quicio. -...Y por último, me asfixias contra un árbol que estoy seguro que rasgó mi camisa en la parte de atrás. ¿Sabes cuánto me gusta esta ropa? -Frunció el ceño, hablándole como si de una niña molesta se tratase antes de alzar su otra mano para terminar tomándole el rostro entre ellas, inclinándose a dejar un beso sobre la frente ajena antes de continuar hablando. -Después de todo eso no creas que podrás irte sin una buena disculpa y cierta recompensa, Serafina.

Con un suspiro de quien acaba de dar el sermón de su vida, el moreno se separó de la española para poder desabotonarse los primeros botones de la camisa que, a esas alturas, húmeda, sucia y rasgada, ya no tenía ninguna utilidad. Tiró del borde de la tela para despejar un lado de su cuello y se apartó el oscuro cabello con la mano, dejando a completa disposición ajena aquel sector terso, latente y virgen de cualquier cicatriz. Sin embargo sus ojos gatunos, a pesar de tener la cabeza ladeada con ligereza, no se apartaban ni un segundo de la contraria- ¿Será cierto eso que dicen de que se siente como un orgasmo? Me muero por comprobarlo. -Le sonrió con sorna, tranquilo y todavía arrodillado en su sitio. Esa sería la última vez en que insistiera, no podría soportar un nuevo rechazo por parte de su tan terca acompañante.

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Serafina González [NyoSp] el Dom Jul 22, 2012 1:24 am

Conforme iba hablando, iba despejando mi rostro de mis manos, pero en ningún momento le miré directamente. Tan sólo de reojo.

Terco, iluso y masoquista. Esas tres palabras rondaban por mi mente en esos momentos, o al menos, la parte de mi cabeza que aún podía pensar por la sed.
-Te la puedo traer mañana arreglada -dije consiguiendo meter baza e intentando cambiar la dirección de la conversación.
No lo conseguí.

En cuanto comenzó a desabrocharse la camisa, me puse a la defensiva. ¡¿Es que no me había escuchado?! Cuando finalizó, permanecí inmóvil.
-No quiero que temas mi mordida... quiero que temas a la pregunta de si podré o no parar. Quiero que temas, a el no saber si cuando la ponzoña llegue a tu corazón te convertirá o te matará... Por lo que veo, razonar contigo no es factible... Tan sólo te pido, que seas consciente de lo que puede pasar -con resignación, me acerqué ligeramente a él y posé una de mis manos sobre el lado opuesto al cuello descubierto, pero antes de proceder, me detuve.- ¿Crees que me alejé por el beso?... -dejé que transcurrieran un par de segundos para su respuesta, pero me impacienté- Si es así te equivocas... fue por la sangre... -con suavidad, me acerqué a su cuello y susurré contra su oído- No te he rechazado a ti, sólo tu sangre y, por si algo sale mal... -cogí aire e intenté calmarme- ...Te quiero...
Sin decir nada más, hundí mis dientes en la piel de la base del cuello tras separar los labios.
Fue como cortar mantequilla...
Su sangre, a diferencia de la sangre humana y la animal, sabía algo salada. Lo más probable es que fuera por alimentarse de carne humana. Para mi garganta, fue un alivio que aquel líquido cálido apaciguara el ardor, aunque sabía que eso sería por poco tiempo, pero de momento me bastaba.
Por otra parte, debía estar pendiente y concentrarme, ya que un vampiro sediento sólo necesita un par de segundos para despacharse con un humano, animal, o, en este caso, una criatura que esperaba fuera más resistente que los anteriores. Una vez estuve satisfecha... no, eso nunca se está, mejor dicho, una vez estuve semi llena -no quería abusar de su ofrecimiento, ni mucho menos matarle- , me detuve separando mis dientes de su cuello y tapando la herida con un trozo de la falda de mi vestido que arranqué como si de un hilo se tratara.
Le miré y sonreí un poco tras haber acabado con los restos de sangre de mi boca con la lengua en lo que le vendaba.
-El vestido es prescindible..., tú no -de pronto, me puse séria y le observé esperando ver síntomas de la ponzoña.
-¿Te encuentras bien? -naturalmente, mis ojos habían vuelto a ser esmeraldas.

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Aclay Dacquel [Filipinas] el Miér Jul 25, 2012 10:09 am

Fue dócil, cerró los ojos y se encomendó a las manos del destino como jamás lo había hecho cuando el dolor punzante en su cuello avisó la intromisión de los colmillos ajenos. Dolió, realmente dolió y no sintió en su cuerpo nada siquiera parecido al placer... Pero a lo largo de su extensa vida había sufrido cosas peores y el verdadero placer estaba alojándose en la idea de saber que con aquello, con ese gesto que a él no le costaba nada, estaba ayudando a la mujer que ahora lo sostenía entre sus brazos como a un niño. Y aunque cada sorbo que extraía su sangre hacía que se le erizara la piel, una sonrisa apenas visible en sus delgados labios hacía parecer que todo aquello no era más que un pequeño e inofensivo roce.

Le resultó curioso cómo ese corto lapso de tiempo se sintió más largo que toda su propia vida. Pudo darse el gusto de sentir cada cosa tan detalladamente; los labios sobre su cuello, el cabello ajeno haciéndole cosquillas en la mejilla, su corazón latiendo acelerado ante la idea de que esa fuera su última muestra de gratitud hacia la española. Gratitud por haberle hecho compañía luego de que en años nadie más pudiera hacerlo. Gratitud por hacerle recordar que tenía sentimientos y que estaba vivo.

Cuando los colmillos se apartaron de su carne apretó los labios en un intento por no dejar oír ninguna queja causada por el dolor ardiente que aquello había provocado, y se tranquilizó cuando el trozo de tela fue aplicado sobre la herida poco después. Luego de eso sus ojos se abrieron y lo primero que buscaron fue ese brillo esmeralda en el que tanto había pensado durante su ausencia.
Y al encontrarlo sonrió tan extensamente que no parecía él mismo; cosa que pronto remedió carraspeando y adaptando su expresión a una mueca de taciturnidad, galantería y, a propósito, lascivia.
-No me importaría si te quitaras toda la ropa para hacerme vendas. -Se encogió de hombros, sin parecer tener intenciones de ponerse de pie ni mucho menos alejarse de la más joven. -Perfectamente. Dudo que algo vaya a cambiar en mí, aunque sinceramente no me molestaría tener los colmillos un poco más grandes. Este cuerpo no puede ser peor. -Se encogió de hombros y rió, ronco. Ciertamente, no creía que pudiera ser más inútil de lo que ya era desde que no podía regresar a su verdadera forma y no se quejaría si pudiera convertirse en un vástago de la noche. Aunque dudaba que eso fuera a pasar, tomando en cuenta que su metabolismo no era el mismo que el de un humano y dudaba fuera a transformarse o algo así.- ¿Tú te sientes mejor? -Distraído, se llevó una mano a la tela en el cuello mientras que, con la otra, desprendía los botones restantes de la camisa para terminar por quitársela para admirarla. Todavía goteaba, estaba rasgada y sucia en la espalda y, ahora, el cuello tenía un poco de sangre. Pero en vez de fruncir el ceño, sus labios se curvaron en una sonrisa divertida.- ¿Cómo piensas remediar esto? Si hubieras perdido la apuesta, sin duda te pediría una nue... -Se detuvo con la mirada clavada en la tela húmeda, tragando en seco todavía sonriente, aunque su mueca tenía algo distinto, como un matiz de "soy estúpido" al darse cuenta de que, con su torpe comentario, seguramente le habría recordado a la ojiesmeralda que tenía un castigo pendiente por perder la carrera. -Creo que estoy hablando demasiado. -Se regañó con un refunfuño antes de dejar los harapos sobre el lodo.

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Serafina González [NyoSp] el Jue Ago 30, 2012 5:26 am

Ante su comentario, rodé los ojos. Como no, eso debía esperármelo.
-Oh, vamos, ese cuerpo no está tan mal... de hecho, si del aspecto se tratara no está pero que nada mal... -le piropeé guiñándole un ojo de forma pícara. Eso era poco común en mí, por lo que esperé ver una reacción interesante.
Con su pregunta asentí, mientras que en lo referente a la camisa sólo sonreí.
-Bueno... -tomé con suavidad la desastrosa camisa y la examiné- hace mucho tiempo tuve un par de boutiques, por lo que sé bastante sobre estos temas... hm... creo que con un lavado y un remiendo rápido y fino sería suficiente, a no ser que prefieras una nueva. No sería difícil conseguirla... -expliqué sin darle mucha importancia a la dificultad. Al fin y al cabo, si trabajas durante siglos y no necesitas ni comida ni ropa que comprar, acabas acumulando demasiado dinero, aunque no lo solía gastar por el hecho de gustarme la sencillez. Además, sería demasiado ostentoso... ¿No?

Al percatarme de su expresión, ensanché mi sonrisa.
-Cierto es, aunque... ninguno de los dos terminó la carrera -me encogí de hombros- en cuanto saliste del agua yo te seguí, por lo que ninguno de los dos llegó a la otra orilla -por un momento, posicioné mis brazos detrás de mí a modo de apoyo, de forma que estuviera más cómoda, aunque algo reclinada hacia atrás, por lo que mi vista se dirigió al cielo nuboso.
Parecía tan esponjoso, gris, impasible, triste y... ¡Como añoraba los días de sol incesante en españa!, se podría decir, que casi siempre estaba soleado, excepto de vez en cuando, pero esto ya era excesivo, aunque necesario...

-Supongo que la carrera nos quedará pendiente... -insinué que habría una segunda vez.
Con vacilación, le miré.
-¿Puedo preguntarte algo? -sin darle mucho tiempo, continué- creo que no debería preguntar estas cosas... pero tengo curiosidad, lo reconozco. Tú... quiero decir, siempre te he visto con tu aspecto humano y... bueno, no sé mucho sobre kelpies, pero tenía entendido que podían cambiar de forma a voluntad. Bueno, según leí... -miré de nuevo hacia el cielo- ...los kelpies jóvenes se transformaban cuando se enfadaban o, en general, cuando aumentaba la adrenalina de su cuerpo, así que... ahí va mi pregunta... -respiré hondo y le miré- ¿cuántos años tienes? -no pude evitar sonreír con mi pregunta.
Era una sonrisa y mirada inocente y seguramente una pregunta inesperada.

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Aclay Dacquel [Filipinas] el Jue Ago 30, 2012 12:52 pm

Sabía bien que, en cuanto a físico y proporciones, aquel cuerpo no era del todo horrendo, después de todo gracias a la figura aparentemente atractiva para las mujeres, podía atraer a las mismas hacia el lago la mayoría de las veces con éxito. Pero su visión de lo práctico era bastante distinta a la mundana y, dejando de lado su belleza, si el cuerpo no servía siquiera para defenderse, era completamente inútil. Y por eso no lograba terminar de acostumbrarse a pesar de los añares que habían pasado desde que se vio atascado en esa forma.
Sin embargo, el comentario de la española meritó una sonrisa ladina propia de su galantería, encogiéndose de hombros con una expresión de la más pura diversión antes de dignarse a hablar. -Ya que al parecer estamos entrando en confianza, déjame devolverte el piropo. -Se limitó a mascullar antes de dar un lento vistazo a la figura contraria. Las palabras no fueron necesarias para demostrar la admiración hacia la ajena, sus ojos devoradores ya lo decían todo.

Cuando el tema de la camisa fue retomado, sus ojos de oro nuevamente se clavaron en las esmeraldas ajenas. A pesar de todo su mueca seguía siendo un tanto alegre; a esas alturas le era bastante difícil esconderse bajo la seriedad imperturbable que usualmente mantenía, tanto porque se sentía extremadamente a gusto con la compañía ajena, como porque aún estaba algo apenado por su propia estupidez al hablar de más. -¿La arreglarías por mí? -Esa idea era, en realidad, mucho más tentadora que comprar una nueva. Cuando la llevara puesta y viera los arreglos, se acordaría de ella y seguramente se le escaparía alguna sonrisa estúpida, que pronto borraría con bochorno- Si no es molestia, me gustaría que lo hicieras.
Luego se limitó a volver a observarla, continuando siempre en su posición de acecho cerca de ella. Le era difícil comportarse adecuadamente. ¿Cómo es que siglos de trabajar su educación se tambaleaban frente a una simple mujer? Se sentía tonto y avergonzado, pero al mismo tiempo un júbilo extraño lo inundaba. Hacía años que no "sentía", y fuese el sentimiento que fuese, se alegraba de tenerlo ahí en el pecho.

-Permíteme comer algo antes de nuestra próxima carrera, por favor.-Bromeó con los hombros en alto y una mueca chistosa. Sin embargo, cuando la menor comenzó a hablar de nueva cuenta, le prestó la máxima atención. Oh, ya sabía hacia dónde iba ese monólogo... y la pregunta no tardó en llegar.
Profirió una carcajada ronca, sus pómulos morenos se alzaron con una sonrisa que dejaba relucir aquellos dientes blancos y filosos y las cejas en alto denotaban un deje de sorpresa. Ciertamente no se esperaba eso, pues a él mismo no se le había ocurrido preguntar la edad ajena.
-Bastantes. Creo que no te apetecería saber. -No lo sabía con exactitud. Mucho tiempo había pasado desde la última vez que se había preguntado a sí mismo su edad, por lo que no podía dar una respuesta realmente satisfactoria, por lo que pensó en llevar la respuesta hacia otro lado.
Luego de un buen rato deshizo la posición en la que estaba para acercarse un tanto más a la ibérica. Aprovechando que ella estaba reclinada hacia atrás, se tomó la libertad de aventurarse hasta apoyar las manos a los costados de la cintura ajena, hundiéndolas sin poder evitarlo en el lodo, para terminar inclinado casi por completo sobre ella. Quizá con eso podía responder a su manera la pregunta, así que, sin premeditarlo, terminó con la distancia entre ambos con un beso tan enérgico como todos los anteriores, que él mismo concluyó al separarse luego de unos más que encantadores segundos.- ...Pero te aseguro que mi vitalidad no se ha drenado ni un poco luego de estos miles de años, querida. -Le sonrió con sorna y volvió a robar un beso pícaro antes de hacerse hacia atrás, sacando las manos del barro para caer sentado de nueva cuenta. -¿O te gustaría alguna otra comprobación? -Volvió a reír. En realidad, la razón por la que no podía transformarse estaba muy lejos de la cantidad de años que tuviese, mas eso no le había sido preguntado y no contaría esa larga historia sólo porque sí. Se limitó a alzar la mirada hacia el cielo, tan sonriente como antes, mientras esperaba alguna respuesta por parte contraria.

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Serafina González [NyoSp] el Vie Sep 21, 2012 6:38 pm

off: -agradece mentalmente a "Hope" de Umineko la inspi- Perdón la demora D:
on:

Con su mirada, reconozco que me puse nerviosa y una sonrisita avergonzada se dibujó en mi rostro. No acostumbraba a ésto, así que algo así, era inesperado.
Sonreí y aparté un poco la camisa.
-Por supuesto, será un placer -contesté animadamente, para luego reír ante su contestación.
-Oh, vamos... no tendrás tantos... yo por ejemplo tengo 428 -le animé, anunciando con orgullo mi edad.
Vaya, eso... no era... lo que esperaba...
Una sonrisita nerviosa se dibujó en mi rostro, al mismo tiempo que la respiración se agitó con y tras el beso.
-Ya, eso se nota, pero no lo decía por eso. Era mera curiosidad... -susurré por la innecesaria subida de voz.

Con el segundo beso, posé una de mis manos con suavidad sobre su mejilla, deseando que ese beso no terminara nunca. Tras el mismo, sonreí divertida.
-Oh... ¿es que acaso tienes más? -enarqué una ceja incrédula, al mismo tiempo que sonreí de lado con picardía.
Esta vez, fui yo quien se abalanzó sobre él, dejándole recostado ligeramente en el suelo, con ambas manos a los lados de su cuello.
-En ese caso no te importara decirmelas... ¿me equivoco? -tan sólo acaricié suavemente su mejilla.
En esta ocasión era yo la curiosa. Al fin y al cabo, ya había confianza, ¿no?
Con las mismas, le robé un profundo beso que duró un par de segundos hasta que de pronto, me alejé de sus labios y cuerpo haciéndome la desinteresada de forma fingida.
-Aunque claro, si no te ves capaz... -suspiré dedicándole una mueca entre la resignación y una sonrisa traviesa al suelo, que luego se dirigió al pelinegro en forma de reto.

-No te sientas mal, no es tu culpa, al fin y al cabo a todos les acaba pesando la edad a lo largo de su vida, bueno si es que a esto se le puede llamar vida... -lo último fue una pequeña broma amarga para mí, pero lo introduje al juego de todas formas.
Sólo cuando tenía la confianza con alguien era que me comportaba de esta manera... de hecho, recuerdo comportarme así con Lucrecia... supongo... que es lo que comunmente se llama felicidad...
Cuando tienes a alguien a quien quieres a tu lado, eres realmente tu... No tienes que esconder defectos, ni mostrar virtudes, sólo debes ser uno mismo... la confianza... el saber que la otra persona no va a dañarte... ese tipo de amor... es el que en ocasiones duele y en otras temes... un temor exquisitamente doloroso, un temor, a que la otra persona desaparezca de repente... un sentimiento que todas las veces, deja marca...

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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

Mensaje por Aclay Dacquel [Filipinas] el Dom Sep 23, 2012 2:45 pm

Dócil como nunca antes, se dejó echar hacia atrás sin rechistar ni quejarse, sintiendo el contacto de su espalda desnuda con el frío y húmedo suelo lodoso. Por un momento su mirada se fijó en el cielo diurno, entrecerrando los ojos que, a causa de los débiles rayos del sol, refulgían en un dorado profundo y brillante. Sin embargo, su atención no tardó en regresar hacia su acompañante que, sorprendiéndolo, parecía querer tomar el control de la situación.
Y eso le encantó.

Correspondió al beso con la mayor disposición, conteniendo sus deseos casi irrefrenables de continuar aquel dulce contacto incluso luego de haberse separado; de tomarla entre sus brazos y apretarla para no dejarla irse jamás. El cuerpo ajeno, ahora situado sobre el tuyo, le parecía tan pequeño y estrecho que el impulso de abrazarla era difícil de contener; de hecho lo habría hecho si ella no se hubiese alejado justo en el instante en que se incorporaba para atraparla.

Otra de sus risas roncas y desgarbadas se hizo presente. -¿Me estás retando? Esto no es nada inteligente de tu parte, humanos o bestias los hombres tenemos nuestros límites. -Inquirió, risueño y alegre por la confianza que lucían ambos. Si le estaba dando permiso de ir más allá, no pensaba desperdiciar la oportunidad.
Se incorporó sobre los codos para poder acercarse a ella, aunque aún así seguía estando en una posición de desventaja ante la de ojos esmeralda. Rápido, le tomó el rostro entre las grandes manos para acercarla y ladearla con suavidad, clavando la felina mirada sobre las facciones contrarias.
De no saber que si lo hiciera se quedaría solo, la habría devorado en ese preciso instante.
-Esto es la vida. -Masculló antes de hacerse con los labios impropios con tanto vigor que un espasmo de energía le recorrió el cuerpo entero. Esta vez no se conformó con el rose entre los labios; prefirió ir un poco más allá. Su aterciopelada lengua se abrió paso en busca de la ajena, saboreando cada rincón de la boca contraria con detalle y convicción.
Por su parte, una de sus manos bajó y bajó, acariciando el contorno y las curvas del pequeño cuerpo de la mujer y haciendo uso de su fuerza descomunal para, osado, ir deshaciendo en hilachas el vestido ajeno. Cuando la palma de su mano entró en contacto con la fría y tersa piel que momentos antes estaba escondida bajo la tela, un escalofrío de puro placer le erizó hasta el último cabello de la nuca.

Saboreó la esencia de los labios hasta que hubo de separarse tras un par de eternos y deliciosos minutos, pero las caricias en la espalda baja no se detuvieron. Inhalando profusamente, volvió a clavar la mirada en el rostro ajeno que, para su regocijo, se encontraba a apenas unos milímetros del suyo, a tal punto de que las puntas de sus narices permanecían en contacto.
-Puedo seguir. -Declaró con voz grabe y dulce, casi ronroneando de puro placer- Pero temo que te disguste pasar a mayores en este lugar tan... funesto. -A pesar de lo poco caballeroso que resultaba tener a una mujer sobre el lodo pegajoso y molesto, su cuerpo no parecía pensar lo mismo; la mano se mantuvo acariciándole la espalda sin intención de detenerse.

Aclay Dacquel [Filipinas]
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Re: Acércate, no muerdo. [Priv. Serafina]

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