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Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
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Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
Salió de la tienda contando el vuelto en monedas y con una cajita bonita, de color morada, en la mano. Llevaba puestos unos pescadores verde oscuro y una polera sin mangas de color gris. Su cabello había sido perfectamente peinado -bueno, peinado a su estilo,- después de que se diese su infaltable ducha de todas las mañanas, y ahora éste se encontraba aplastado por un jockey de un color muy similar al de sus pantalones, con ambas mechas callendo una a cada lado de su cara y su flequillo cuidadosamente alineado. Caminando hacia la esquina, vió unos piercing en una ventana, pero no hiso más que advertirlos y comparar sus colores, pues no tenía ganas de oradarse las orejas. Se detuvo un momento junto a un basurero, saco la pulsera de la caja y arrojó ésta última en el recipiente. No pensó demasiado en el tiempo que le tomó escogerla ni en lo mucho que le gustaba. Simplemente no podía dejar que ella pensara que realmente le preocupaba tanto que no le guardase rencor y que por eso le había buscado un regalo y, encima, un buen envoltorio. Se metió la pulsera en un bolsillo y buscó con la mirada algún cartel que indicase la presencia de una tienda en particular.
Ella llevaba cajas de chocolate el día en que tuvo la mala pata de chocarla en un pasillo del orfanato. Y si repartía chocolate, era lógico que trabajase en alguna tienda que se dedicase al rubro. O que lo tuviese entre sus intereses, pero siendo ese el caso tendría que revisar cada tienda de abarrotes de la ciudad y para eso era mejor partír por alguna tienda de productos lácteos o chocolate artesanal.
Se dirigió hacia un sector más de viviendas, luego de buscar en la calle principal y divisó una casa que tenía un aviso que señalaba la venta de chocolates. Entró y el ruido de una campanilla delató su presencia. El temuquense entró en silencio, acostumbrandose a la diferencia de luz con el exterior, afuera el sol lucía esplendoroso, y si bien la tienda no estaba en tinieblas, el frescor se notaba perfectamente después de tanto sol. Al igual que el aroma del chocolate.
Pensó en la forma de iniciar la conversación, explicar su presencia. "Te traje un regalo para disculparme. Yo sólo jugaba... no pensaba babosear tus chocolates. Además ni lo hice... no, si le digo eso se enojará... Te compré una cosita que ví, o sea, la plata era de Martín y yo se la lancié... es un cuidador y cuando se ocupa demasiado de alabarse ni nota si le sacan la billetera... ¡Pero no fue tanto!.Ya poh, Leftraro, ¿te la podí`o no?" Se acercó al escaparate, esperando que alguien apareciese. Notó una campanilla en el mezón y la tocó. Le llamó la atención que, habiendo una campana que anunciase la llegada de los clientes a la entrada, hubiese también una sobre la vitrina. Volvió a tocarla tras unos segundo y luego nuevamente, varias veces seguidas, sintiendose un poco nervioso.
Ella llevaba cajas de chocolate el día en que tuvo la mala pata de chocarla en un pasillo del orfanato. Y si repartía chocolate, era lógico que trabajase en alguna tienda que se dedicase al rubro. O que lo tuviese entre sus intereses, pero siendo ese el caso tendría que revisar cada tienda de abarrotes de la ciudad y para eso era mejor partír por alguna tienda de productos lácteos o chocolate artesanal.
Se dirigió hacia un sector más de viviendas, luego de buscar en la calle principal y divisó una casa que tenía un aviso que señalaba la venta de chocolates. Entró y el ruido de una campanilla delató su presencia. El temuquense entró en silencio, acostumbrandose a la diferencia de luz con el exterior, afuera el sol lucía esplendoroso, y si bien la tienda no estaba en tinieblas, el frescor se notaba perfectamente después de tanto sol. Al igual que el aroma del chocolate.
Pensó en la forma de iniciar la conversación, explicar su presencia. "Te traje un regalo para disculparme. Yo sólo jugaba... no pensaba babosear tus chocolates. Además ni lo hice... no, si le digo eso se enojará... Te compré una cosita que ví, o sea, la plata era de Martín y yo se la lancié... es un cuidador y cuando se ocupa demasiado de alabarse ni nota si le sacan la billetera... ¡Pero no fue tanto!.Ya poh, Leftraro, ¿te la podí`o no?" Se acercó al escaparate, esperando que alguien apareciese. Notó una campanilla en el mezón y la tocó. Le llamó la atención que, habiendo una campana que anunciase la llegada de los clientes a la entrada, hubiese también una sobre la vitrina. Volvió a tocarla tras unos segundo y luego nuevamente, varias veces seguidas, sintiendose un poco nervioso.

Leftraro Calfumil [Tco]- Huérfano

- Mensajes: 38
Fecha de inscripción: 26/08/2011
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
La tarde fresca y la soledad de la tienda, le proporcionaban el lugar perfecto para una buena siesta, de esas reparadoras que hacía tiempo no tomaba. El verano, aún así, dejaba que pudiera dormir en paz bajo el mesón, en el piso frío, con su ropa ligera. Una falda corta de mezclilla y una polera algo más holgada que lo que acostumbraba usar era lo que aquel día cubría su cuerpo. Se notaba lo bueno que había estado el carrete, pero el deber de “trabajar” simplemente la arrastró temprano hasta la tienda de chocolates de la belga. Como aún estaba en lo que se podría llamar un “periodo de prueba”, su labor simplemente sería la de atender a los clientes que se aparecieran durante el día mientras la verdadera dueña del local entregaba algunos pedidos.
El sonido de la campanilla de la puerta hizo que se revolcara en su escondite perfecto, y luego el de otra campana más cercana aún, desesperada, hizo que abriera los ojos con mal humor. No le gustaba despertar de una forma tan brusca como esa. Salió desde abajo del mesón, y con el cabello desordenado como la melena de un león, le rugió a aquel chico que le había baboseado los chocolates, que ni siquiera eran de ella.
- ¿¡Qué weá querí voh!? ¿Pa’ qué chucha me vení a meter tanto bochinche, ah? Voh, weón, me debí tu vida. Tení suerte ‘e que no te haiga mata’o yo poh. – El acento campesino se notó en todas y cada una de sus palabras, así como el mal humor. Parecía que traía toda la mala suerte del mundo consigo. - ¡Ya poh, cabro chico! Salta pa’l la’o y dime. ¿Vení a comprar algo acaso?
El sonido de la campanilla de la puerta hizo que se revolcara en su escondite perfecto, y luego el de otra campana más cercana aún, desesperada, hizo que abriera los ojos con mal humor. No le gustaba despertar de una forma tan brusca como esa. Salió desde abajo del mesón, y con el cabello desordenado como la melena de un león, le rugió a aquel chico que le había baboseado los chocolates, que ni siquiera eran de ella.
- ¿¡Qué weá querí voh!? ¿Pa’ qué chucha me vení a meter tanto bochinche, ah? Voh, weón, me debí tu vida. Tení suerte ‘e que no te haiga mata’o yo poh. – El acento campesino se notó en todas y cada una de sus palabras, así como el mal humor. Parecía que traía toda la mala suerte del mundo consigo. - ¡Ya poh, cabro chico! Salta pa’l la’o y dime. ¿Vení a comprar algo acaso?
Invitado- Invitado
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
Su asombro fue mayúsculo cuando la chilena que buscaba apareció de la nada -la idea de que el mesón fuese un buen techo para dormir no se le pasaría por la cabeza hasta la noche cuando estuviese lavandose los arañazos del rostro-, tanto así, que no sólo fueron sus ojos los que se abrieron desmesuradamente, sino también sus fosas nasales a causa de la inspiración profunda que tal -ejem "ejemplar de hembra chilena" le provocó. Su boca, por el contrario, se mantuvo cerrada.
Su actitud duró hasta que la mujer terminó de garabatearlo, momento que aprovechó para devolverle tan grata bienvenida- ¿ Y e' mi culpa qui voh no te la podai con un parcito de cajas qui necesití la ayu'a de otro? Ya ni se pa' que weá vine aquí, si está claro que erí una yegua. Toma, allí tení la custión. - le arrojó la pulsera celeste sobre el mesón, donde resbaló un poco sin llegar a caer. Era una pulsera hecha de macramé, como aquellas que son tan comunes en las playas sudamericanas, de calidad y hecha de tres tonos distintos de azul y uno de crema, de dos centímetros de grosor. Era un regalo simple, pero el accesorio no era común en aquel lugar. Sin contar con que no tenía mucho dinero.-Pensaba disculparme, pero con una damita así no me meto yo. Y pa' que sepaí, no babosíe tus chocolates.- La miró con cierto odio en sus ojos y en sus cejas contraidas.
Sin embargo no se fue. Esperaba una respuesta mientras intentaba calmarse.
Su actitud duró hasta que la mujer terminó de garabatearlo, momento que aprovechó para devolverle tan grata bienvenida- ¿ Y e' mi culpa qui voh no te la podai con un parcito de cajas qui necesití la ayu'a de otro? Ya ni se pa' que weá vine aquí, si está claro que erí una yegua. Toma, allí tení la custión. - le arrojó la pulsera celeste sobre el mesón, donde resbaló un poco sin llegar a caer. Era una pulsera hecha de macramé, como aquellas que son tan comunes en las playas sudamericanas, de calidad y hecha de tres tonos distintos de azul y uno de crema, de dos centímetros de grosor. Era un regalo simple, pero el accesorio no era común en aquel lugar. Sin contar con que no tenía mucho dinero.-Pensaba disculparme, pero con una damita así no me meto yo. Y pa' que sepaí, no babosíe tus chocolates.- La miró con cierto odio en sus ojos y en sus cejas contraidas.
Sin embargo no se fue. Esperaba una respuesta mientras intentaba calmarse.

Leftraro Calfumil [Tco]- Huérfano

- Mensajes: 38
Fecha de inscripción: 26/08/2011
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
… Simplemente se quedó en silencio, pasando prácticamente por alto las palabras del menor, no así su acción. Sonrió y estiró su mano, para despeinar con cariño al temuquense que continuaba frente a ella. La sonrisa amplia en el rostro de la penquista demostraba su satisfacción para con el chico, y se quedó un buen tiempo pensando en qué le diría, sacudiendo las “mechas locas” del muchacho.
- Wena cabro… Ahí loh vamo’ entendiendo, poh. – Acabó por decir, sin usar ni un volumen demasiado alto, ni por el contrario, demasiado bajo… Aunque se notaba más tranquila que hacía unos segundos.
Tomó entre sus manos la pulsera, y la recorrió de extremo a extremo. Guardaba como un recuerdo de las playas en las que había estado cuando más pequeña, varias pulseras de ese tipo, pero por supuesto que no habían salido de la maleta. Las cuidaba “como hueso santo”. Aún no se creía el regalo del menor, así que seguía dándole vueltecitas como tonta a la pulserita, y cuando ya se aburrió de tanta lesera junta, volvió a despeinar al chiquillo.
- Erí re-güen cabro, voh, ¿ah? A ’er, ¿Cómo dijiste que te llamabai, pendejito? – Contrario a su insulto mezclado en aquella frase, ella sonreía, y sus dientes resplandecían, emanando juventud y vitalidad. Nunca le hacían regalos… Bueno, sí, pero muy poca gente, así que se entendía que dentro de su ser, se sintiera más que emocionada.
- Wena cabro… Ahí loh vamo’ entendiendo, poh. – Acabó por decir, sin usar ni un volumen demasiado alto, ni por el contrario, demasiado bajo… Aunque se notaba más tranquila que hacía unos segundos.
Tomó entre sus manos la pulsera, y la recorrió de extremo a extremo. Guardaba como un recuerdo de las playas en las que había estado cuando más pequeña, varias pulseras de ese tipo, pero por supuesto que no habían salido de la maleta. Las cuidaba “como hueso santo”. Aún no se creía el regalo del menor, así que seguía dándole vueltecitas como tonta a la pulserita, y cuando ya se aburrió de tanta lesera junta, volvió a despeinar al chiquillo.
- Erí re-güen cabro, voh, ¿ah? A ’er, ¿Cómo dijiste que te llamabai, pendejito? – Contrario a su insulto mezclado en aquella frase, ella sonreía, y sus dientes resplandecían, emanando juventud y vitalidad. Nunca le hacían regalos… Bueno, sí, pero muy poca gente, así que se entendía que dentro de su ser, se sintiera más que emocionada.
Invitado- Invitado
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
Esperaba una respuesta al estilo "Rosa Espinoza" por parte de la chilena de 18 años, pero en su lugar, su jockey cayó al suelo empujado por la mano de ella. Su peinado perfectamente alisado desapareció a causa de aquel ímpetu femenino. Abrió su boca para hablar y así quedó, sorprendido del cambio de actitud.
Mientras la chica revisaba la pulsera, recogió del piso su gorro y se peinó nuevamente el flequillo, haciendo un puchero con los labios. Sorbió, mostrando cierta molestia hacia su cabello despeinado en sus ojos miel. Fue inútil, en cuanto la chica se dio la vuelta, aún luciendo como una leona pero más complacida, le deshiso el trabajo. Gruñó mentalmente.
A pesar de ello, antes de que a la penquista le diese por toquetearlo sin permiso, pudo notar algo familiar en ella. No, más bien se trataba de un "algo" familiar en ella, de un "objeto" más que de aquella aura fiera, de por sí bastante conocida por la sangre que el mismo compartía con la muy-fiera-de-su-abuela. Al fijarse mejor, se dió cuenta de que se trataba de una cruz que colgaba del esquisito cuello de la mujer."Weón, no es "esquisito".". Era muy parecido al que su madre tenía cuando el era pequeño, y que luego tuvo que vender. Había sido traspasado junto a otros similares de generación en generación a las hermanas de la familia, pero que luego, al migrar a otras zonas del país, habían sido separadas.
Espera... ¿Pendejito? Pero si ella era únicamente un año mayor que él, podrían ser hermanos incluso-Diego Leftraro Calfumil Sandoval, nombre de hombre, no de niño.- Tras eso, pensandoló mejor, se daría cuenta de que era más bien el nombre de un adolescente, pero por el momento dejemoslo ser feliz.-Podí llamarme Diego o Left, me da la misma.- sorbió otra vez por la nariz, una especie de tic suyo. Y voh, ¿erí...?- Movió la mano en circulos, como invitándola a hablar, al tiempo que levantaba una ceja.
Mientras la chica revisaba la pulsera, recogió del piso su gorro y se peinó nuevamente el flequillo, haciendo un puchero con los labios. Sorbió, mostrando cierta molestia hacia su cabello despeinado en sus ojos miel. Fue inútil, en cuanto la chica se dio la vuelta, aún luciendo como una leona pero más complacida, le deshiso el trabajo. Gruñó mentalmente.
A pesar de ello, antes de que a la penquista le diese por toquetearlo sin permiso, pudo notar algo familiar en ella. No, más bien se trataba de un "algo" familiar en ella, de un "objeto" más que de aquella aura fiera, de por sí bastante conocida por la sangre que el mismo compartía con la muy-fiera-de-su-abuela. Al fijarse mejor, se dió cuenta de que se trataba de una cruz que colgaba del esquisito cuello de la mujer."Weón, no es "esquisito".". Era muy parecido al que su madre tenía cuando el era pequeño, y que luego tuvo que vender. Había sido traspasado junto a otros similares de generación en generación a las hermanas de la familia, pero que luego, al migrar a otras zonas del país, habían sido separadas.
Espera... ¿Pendejito? Pero si ella era únicamente un año mayor que él, podrían ser hermanos incluso-Diego Leftraro Calfumil Sandoval, nombre de hombre, no de niño.- Tras eso, pensandoló mejor, se daría cuenta de que era más bien el nombre de un adolescente, pero por el momento dejemoslo ser feliz.-Podí llamarme Diego o Left, me da la misma.- sorbió otra vez por la nariz, una especie de tic suyo. Y voh, ¿erí...?- Movió la mano en circulos, como invitándola a hablar, al tiempo que levantaba una ceja.

Leftraro Calfumil [Tco]- Huérfano

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Fecha de inscripción: 26/08/2011
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
Apoyó sus codos en el mesón, observando los rasgos del menor. Si ya le sonaba más que chileno, ahora le notaba la vena mapuche… Entrecerró los ojos al guardarse con una mano la pulsera en uno de los bolsillos de su falda, y luego volvió la mirada hacia el muchacho, sonriendo levemente.
- ¿Y si mejor te digo… Dieguito~? – El apodo sobresalió del resto de la frase, pues lo había pronunciado con un tono cantarín, que le había aprendido cuando chica a su abuela… Era como el tono perfecto para decir “Mijito”, pero esta vez se aplicaba a otra palabra. Un apodo, ni más ni menos. – Me llamo María Concepción Purísima González Carrera, pa’ servirle en lo que necesite, huacho chico. – Dichas estas palabras, no evitó soltar una carcajada. El simple hecho de encontrarse con tantos compatriotas al otro lado del mundo era más que gracioso. Aunque… - ¿Voh estái en el Orfanato, weón? ¿Qué hací allá, gallito?
Su ceño fruncido se encargó de mostrar la confusión ante el hecho. Recordaba haber visto al chico en ese lugar, así que era obvio que allí residía. Y si era así, ¿por qué estaría ahí? ¿Dónde estarían sus padres, si es que los tenía? ¿Acaso era huérfano? Pero… Era extrañísimo que un huérfano hubiese llegado hasta Irlanda del Norte. ¿Con qué plata?
- ¿Y si mejor te digo… Dieguito~? – El apodo sobresalió del resto de la frase, pues lo había pronunciado con un tono cantarín, que le había aprendido cuando chica a su abuela… Era como el tono perfecto para decir “Mijito”, pero esta vez se aplicaba a otra palabra. Un apodo, ni más ni menos. – Me llamo María Concepción Purísima González Carrera, pa’ servirle en lo que necesite, huacho chico. – Dichas estas palabras, no evitó soltar una carcajada. El simple hecho de encontrarse con tantos compatriotas al otro lado del mundo era más que gracioso. Aunque… - ¿Voh estái en el Orfanato, weón? ¿Qué hací allá, gallito?
Su ceño fruncido se encargó de mostrar la confusión ante el hecho. Recordaba haber visto al chico en ese lugar, así que era obvio que allí residía. Y si era así, ¿por qué estaría ahí? ¿Dónde estarían sus padres, si es que los tenía? ¿Acaso era huérfano? Pero… Era extrañísimo que un huérfano hubiese llegado hasta Irlanda del Norte. ¿Con qué plata?
Invitado- Invitado
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
El tonmito con el que lo habian bautizado le pareció fastidioso, sin embargo, no empezaría una pelea con la mujer, la que parecía ser bastante "fosforito" por lo demás. Y por supuesto, no le respondería como un buen chico a la chilena, no sin antes desquitarse del apodo.
-[¿Concepción Purísima? Voh poh. Viviendo a puro carrete.- El rostro de la muchacha demostraba que tan buena había sido su noche.-Concepción Purisima ni que ocho cuartos... pero es lindo. So cute.~- Su inglés fue casi de risa, en especial por la mueca torcida que hiso con la boca y por la forma en que colocó sus manos, sujetandolas a la cintura.-Ya, pero hasta los perros tienen nombre y el único rescatablñe pa´ti es Conce...- Su sonrisa se esfumó de a poco a medida que hablaba, y tras terminada su pequeña venganza verbal, se dio la libertad de responder a la pregunta de la joven. Sin desearlo y sin notarlo, bajó la mirada y movió hacia arriba y abajo el gorro, como si abanicase, mientras que la mano libre la apretaba con fuerza.
-Y oobvio que soy del orfanato, ¿acaso no se noota? ¿Quí má iba a´ser yo allí? Vivir, poh. - Su voz era la de cualquier sureño un tanto acomplejado pero que resta importancia -al menos aparentemente- a sus problemas. Ella le había preguntado "Que hacía allí", lo que podía interpretarse de modo literal o a la chilena. Y él lo interpretó del modo literal, sin ganas de explicar su situación. El temuquense era un huérfano más y eso era todo. A ella poco debía importarle las condiciones de su vida más allá de la momentánea curiosedad.
Al fin levantó un poco la mirada, distrayendose en los dulces que se exhibían. Tratando de cambiar el tema de conversación y de finjir una sonrisa, miró a la penquista de reojo.
-¿Y qué Vendes?-
-[¿Concepción Purísima? Voh poh. Viviendo a puro carrete.- El rostro de la muchacha demostraba que tan buena había sido su noche.-Concepción Purisima ni que ocho cuartos... pero es lindo. So cute.~- Su inglés fue casi de risa, en especial por la mueca torcida que hiso con la boca y por la forma en que colocó sus manos, sujetandolas a la cintura.-Ya, pero hasta los perros tienen nombre y el único rescatablñe pa´ti es Conce...- Su sonrisa se esfumó de a poco a medida que hablaba, y tras terminada su pequeña venganza verbal, se dio la libertad de responder a la pregunta de la joven. Sin desearlo y sin notarlo, bajó la mirada y movió hacia arriba y abajo el gorro, como si abanicase, mientras que la mano libre la apretaba con fuerza.
-Y oobvio que soy del orfanato, ¿acaso no se noota? ¿Quí má iba a´ser yo allí? Vivir, poh. - Su voz era la de cualquier sureño un tanto acomplejado pero que resta importancia -al menos aparentemente- a sus problemas. Ella le había preguntado "Que hacía allí", lo que podía interpretarse de modo literal o a la chilena. Y él lo interpretó del modo literal, sin ganas de explicar su situación. El temuquense era un huérfano más y eso era todo. A ella poco debía importarle las condiciones de su vida más allá de la momentánea curiosedad.
Al fin levantó un poco la mirada, distrayendose en los dulces que se exhibían. Tratando de cambiar el tema de conversación y de finjir una sonrisa, miró a la penquista de reojo.
-¿Y qué Vendes?-

Leftraro Calfumil [Tco]- Huérfano

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Fecha de inscripción: 26/08/2011
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
- Shh… ¿Qué tení en contra mía, ah, Dieguito? Yo no más vivo la vida, poh, aprovechando cada momento. – Gruñó por lo bajo, para luego bufar ante el cumplido. No era alguien que los recibiera muy a menudo así que seguramente el sonrojo leve en sus mejillas y el rodeíto que dieron sus ojos fue a causa de eso. – Shia, más encima tratándome de perra, como si voh fuerai muy cuiquito… - Esto último lo dijo cargado de resentimiento hacia el menor.
El resto de las palabras del temuquense las pasó por alto. Realmente le importaba poco o nada la respuesta poco explicativa del chico, así que, notando que el muchacho observaba los dulces, sonrió.
- Acá se venden chocolates, huacho chico… Si querí, obviamente me vai a tener que pagar, poh. Voh veí en verdá’. Y más te vale haber veni’o con plata, que o sino te echo a patadas de acá del local, weón. – Se cruzó de brazos, a la defensiva. El muchacho no le parecía malo, pero, como era típico en ella, le encantaba molestar al resto de la gente, y más si se trataba de alguien menor que ella, que poco podría hacer en su contra.
El resto de las palabras del temuquense las pasó por alto. Realmente le importaba poco o nada la respuesta poco explicativa del chico, así que, notando que el muchacho observaba los dulces, sonrió.
- Acá se venden chocolates, huacho chico… Si querí, obviamente me vai a tener que pagar, poh. Voh veí en verdá’. Y más te vale haber veni’o con plata, que o sino te echo a patadas de acá del local, weón. – Se cruzó de brazos, a la defensiva. El muchacho no le parecía malo, pero, como era típico en ella, le encantaba molestar al resto de la gente, y más si se trataba de alguien menor que ella, que poco podría hacer en su contra.
Invitado- Invitado
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
-Shí. ¿Y tratando así a tus clientes creí que te van a comprar? Andate con cuidadito.- El menor se atrevió a utilizar tal desplante pues era cierto. Si la chica no mejoraba su actitud dificilmente mantendría su trabajo. Se permitió mirarla con los párpados caídos y una sonrisa burlona.
-A´er que tení.- Se relamió los labios mientras inspeccionaba los chocolates que se exhibían. Unos blancos, otros amargos, algunos hechos de leche. Se permitió el elegir mentalmente uno con almendras y de entre los que tenían bases de menta, frutilla, vainilla y otros sabores, uno de menta blanca. Antes de levantarse a hacer su pedido, disfruto claramente del trabajo artesanal que no dejaba ningún reparo visualmente; las formas estaban bien acabadas e incluso algunos chocolates tenían motivos especiales. Sonreía abiertamente.
-Dame el con menta, el de almendras y ese con forma de perro.- nuevamente su sonrisa era de sorna.
Pero tras obtener y haber pagado su compra, luego de ignorar a la mujer y haber mordido un trozo de chocolate en el que una almendra fue partida por sus dientes, se preguntó mentalmente- y no retuvo en sus labios la idea -si la penquista aprendería algún día aquel oficio.
-¿Tú vai a aprender a´ser estas custiones?- no la miró directamente, su voz no reflejaba amistad. Desvió su mirada por esa cruz. Más allá de las posibilidades de que existiesen en el mundo miles como ella, ésta en particular llamaba su atención. Traía consigo un aura familiar. Sólo eso provocaba que sus ojos se clavasen como los de un buitre en el colgante.
-A´er que tení.- Se relamió los labios mientras inspeccionaba los chocolates que se exhibían. Unos blancos, otros amargos, algunos hechos de leche. Se permitió el elegir mentalmente uno con almendras y de entre los que tenían bases de menta, frutilla, vainilla y otros sabores, uno de menta blanca. Antes de levantarse a hacer su pedido, disfruto claramente del trabajo artesanal que no dejaba ningún reparo visualmente; las formas estaban bien acabadas e incluso algunos chocolates tenían motivos especiales. Sonreía abiertamente.
-Dame el con menta, el de almendras y ese con forma de perro.- nuevamente su sonrisa era de sorna.
Pero tras obtener y haber pagado su compra, luego de ignorar a la mujer y haber mordido un trozo de chocolate en el que una almendra fue partida por sus dientes, se preguntó mentalmente- y no retuvo en sus labios la idea -si la penquista aprendería algún día aquel oficio.
-¿Tú vai a aprender a´ser estas custiones?- no la miró directamente, su voz no reflejaba amistad. Desvió su mirada por esa cruz. Más allá de las posibilidades de que existiesen en el mundo miles como ella, ésta en particular llamaba su atención. Traía consigo un aura familiar. Sólo eso provocaba que sus ojos se clavasen como los de un buitre en el colgante.

Leftraro Calfumil [Tco]- Huérfano

- Mensajes: 38
Fecha de inscripción: 26/08/2011
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
Poco tardo la penquista en murmurar palabras en contra del temuquense y su burlona sonrisa mientras tomaba las cajits que contenían aquellos deliciosos chocolates y las distribuía sobre el mesón.
-Ya, Dieguito.- repitió con una sonrisa tonta.- Menta, almendras y perro. ¿Algo más va a llevar el niñito?- lanzó en tono de burla más que por sacarle más dinero del correspondiente, el que nunca consiguió, y por lo que simplemente se dedicó a ordenar moneditas en la caja registradora cual niña pequeña.
La pregunta la dejó en cierto sentido helada. Poquísimo sabía ella de chocolates y las recetas para su delicada preparación, por lo que dudaba que la belga le enseñara aún. Parpadeó, notando al lugar al que se dirigía la mirada ajena.
-Dudo que aprenda pronto, pero si lo ves a largo plazo es probable que lo haga.- dijo entonces, llevandose las manos lentamente a los pechos, cubriendose de toda mirada inapropiada.
-Oe, vamoh levantando la ca`ecita, ¿Querí? No me gusta que los pendejos me anden mirando mis pechugas, y menos si no me gustan o no me caen bien. Estoy en mi trabajo ademah.- se quejó con el ceño fruncido, mientras sus mejillas adquirían un molesto tono encendido.
-Ya, Dieguito.- repitió con una sonrisa tonta.- Menta, almendras y perro. ¿Algo más va a llevar el niñito?- lanzó en tono de burla más que por sacarle más dinero del correspondiente, el que nunca consiguió, y por lo que simplemente se dedicó a ordenar moneditas en la caja registradora cual niña pequeña.
La pregunta la dejó en cierto sentido helada. Poquísimo sabía ella de chocolates y las recetas para su delicada preparación, por lo que dudaba que la belga le enseñara aún. Parpadeó, notando al lugar al que se dirigía la mirada ajena.
-Dudo que aprenda pronto, pero si lo ves a largo plazo es probable que lo haga.- dijo entonces, llevandose las manos lentamente a los pechos, cubriendose de toda mirada inapropiada.
-Oe, vamoh levantando la ca`ecita, ¿Querí? No me gusta que los pendejos me anden mirando mis pechugas, y menos si no me gustan o no me caen bien. Estoy en mi trabajo ademah.- se quejó con el ceño fruncido, mientras sus mejillas adquirían un molesto tono encendido.
Invitado- Invitado
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
No notó que las manos de la penquista tapaban sus pechos hasta que ésta lo recriminó. Su mente divagaba en torno al colgante de la mujer; se sentía atraído hacia él y cuando lo instaron a levantar la cabeza fijó sus ojos en los de la mayor, para luego, sin darse cuenta siquiera de su respuesta, reaccionar de manera atrasada a sus palabras. La intención de no darle la última palabra se ralentizó detrás de aquella idea más absorbente, aquella idea de que esa pigmentación ya la conocía y que aquellas grietas de colores de los ojos de la mujer le eran conocidos. Esa forma de cara y aquellos rasgos se desvelaban como una versión más desarrollada de una de sus primas, una de aquellas que como tantos familiares del temuquense se hallaba desparramada en algún punto de aquel país al otro lado del mar, o que al menos lo estaba cuando era un niño y se juntaba con sus primos más cercanos para jugar y quien sabe que travesura planear. Tiempos felices de los que poco recordaba y de los rescataba con suerte un par de relaciones. A su primo Kuns, por ejemplo. Este fue el causal de que su voz no fuese de un tono mordaz, sino casi de alguien a quien el aire le falta o a quien la lengua se le ha dormido.
-¿Y quién testá mirando las pechugas que no tení, Concha?- La confusión lo había traicionado e incluso sus ojos eran los de una persona que no nota el “aquí y ahora”, sus pupilas parecían no enfocar bien las de la chica, como si estuviese borracho. Su respuesta, a pesar de su lentitud, fue salida del alma y, considerando que no la pensó, fue lo suficientemente rápida para escapar de sus actos reflejos guardados por años para encarar a quien lo tratase de “pendejo”.
Cuando al fin pudo notar lo que había dicho, se sintió completamente en paz durante breves segundos. Sí, era un niño y se estaba peleando con su prima, a vista y paciencia de un congénere, quien bien podía ser el valdiviano antes mencionado o algún amigo del barrio. Y en esa pelea el nombre de la entonces niña salía de sus labios infantiles reclamando igualdad en la repartición de roles en un juego o intentando igualar sus ofensas a las que recibiera en tal estado de hiperventilación. Un nombre que en un principio para él no representaba un insulto o una palabra con un doble sentido picaresco, más bien natural y llanamente el apodo de la chiquilla, de la que nunca notó no conocer su nombre real. No era importante, como así tampoco lo era el saber que en un futuro ambos crecerían y cambiarían y serían separados por intereses distintos y la brecha de los sexos opuestos.
Lo importante era que ambos estaban allí, que él era Diego y ella Concha. El que luego el chico moreno optase por presentarse a sus compañeros y amigos por su segundo nombre sólo aumentaba esa brecha de recuerdos, pues se veían turbados por la incertidumbre. ¿Era yo para ella Diego o Leftraro? No importaba ahora, esa niña ahora ya sería una joven de su edad, tal vez un poco mayor, preocupada de estudiar o trabajar, tal vez incluso con un hijo, ¿y por qué no? Embarazos a esa edad no faltaban a pesar de que no hubiese tenido noticias de algún miembro de la familia que estuviese en cinta.
Sus ojos al fin lograron enfocar los ajenos y su boca levemente abierta se cerró cuando tragó saliva; casi inconcientemente extendió la caja con el chocolate en forma de perro a la chilena que hasta hace unos minutos para él se llamaba Conce y ahora de pronto se revestía de un nombre tan grosero, pero infinitamente inocente para su corazón, que luego podría ser enturbiado por las bocas de desconocidas para que volviese al nombre con el que nombrara a la dependienta de la tienda.
-¿Querí…?- en su voz se medían los segundos transcurridos, volviendo a dejar la boca abierta para luego agregar, remendando su al fin comprendido error anterior.-¿Conce…?-
Si una mosca lo hubiese querido, no habría sido mayor problema para ella el entrar y salir de esa cavidad llamada boca y que el varoncito parecía haber olvidado.
-¿Y quién testá mirando las pechugas que no tení, Concha?- La confusión lo había traicionado e incluso sus ojos eran los de una persona que no nota el “aquí y ahora”, sus pupilas parecían no enfocar bien las de la chica, como si estuviese borracho. Su respuesta, a pesar de su lentitud, fue salida del alma y, considerando que no la pensó, fue lo suficientemente rápida para escapar de sus actos reflejos guardados por años para encarar a quien lo tratase de “pendejo”.
Cuando al fin pudo notar lo que había dicho, se sintió completamente en paz durante breves segundos. Sí, era un niño y se estaba peleando con su prima, a vista y paciencia de un congénere, quien bien podía ser el valdiviano antes mencionado o algún amigo del barrio. Y en esa pelea el nombre de la entonces niña salía de sus labios infantiles reclamando igualdad en la repartición de roles en un juego o intentando igualar sus ofensas a las que recibiera en tal estado de hiperventilación. Un nombre que en un principio para él no representaba un insulto o una palabra con un doble sentido picaresco, más bien natural y llanamente el apodo de la chiquilla, de la que nunca notó no conocer su nombre real. No era importante, como así tampoco lo era el saber que en un futuro ambos crecerían y cambiarían y serían separados por intereses distintos y la brecha de los sexos opuestos.
Lo importante era que ambos estaban allí, que él era Diego y ella Concha. El que luego el chico moreno optase por presentarse a sus compañeros y amigos por su segundo nombre sólo aumentaba esa brecha de recuerdos, pues se veían turbados por la incertidumbre. ¿Era yo para ella Diego o Leftraro? No importaba ahora, esa niña ahora ya sería una joven de su edad, tal vez un poco mayor, preocupada de estudiar o trabajar, tal vez incluso con un hijo, ¿y por qué no? Embarazos a esa edad no faltaban a pesar de que no hubiese tenido noticias de algún miembro de la familia que estuviese en cinta.
Sus ojos al fin lograron enfocar los ajenos y su boca levemente abierta se cerró cuando tragó saliva; casi inconcientemente extendió la caja con el chocolate en forma de perro a la chilena que hasta hace unos minutos para él se llamaba Conce y ahora de pronto se revestía de un nombre tan grosero, pero infinitamente inocente para su corazón, que luego podría ser enturbiado por las bocas de desconocidas para que volviese al nombre con el que nombrara a la dependienta de la tienda.
-¿Querí…?- en su voz se medían los segundos transcurridos, volviendo a dejar la boca abierta para luego agregar, remendando su al fin comprendido error anterior.-¿Conce…?-
Si una mosca lo hubiese querido, no habría sido mayor problema para ella el entrar y salir de esa cavidad llamada boca y que el varoncito parecía haber olvidado.

Leftraro Calfumil [Tco]- Huérfano

- Mensajes: 38
Fecha de inscripción: 26/08/2011
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
“¿Concha…? ¿Qué onda con este weón…? ¿N-No será…?” Tragó saliva ante el recuerdo de algo que había ocurrido tiempo atrás… Una pelea con uno de sus primos, al que curiosamente conocía como Dieguito. No cabían dudas. Aquel muchacho que le ofrecía chocolate era su primo.
Entonces ignoró por completo la falta y estiró su mano hasta el chocolate.
- Gracias, Dieguito. – No por nada se le hacía familiar el acento y los rasgos del menor. – Oye… ¿Tú no eres chileno…? Digo, porque hablai como uno poh, y acá se está haciendo costumbre encontrarse con chilenos.
Se rascó la cabeza y miró al chico detalladamente, recordando en él el rostro de un niño, con los mismos ojos y ese mismo cabello tan oscuro… No, era imposible equivocarse. Era él.
Entonces ignoró por completo la falta y estiró su mano hasta el chocolate.
- Gracias, Dieguito. – No por nada se le hacía familiar el acento y los rasgos del menor. – Oye… ¿Tú no eres chileno…? Digo, porque hablai como uno poh, y acá se está haciendo costumbre encontrarse con chilenos.
Se rascó la cabeza y miró al chico detalladamente, recordando en él el rostro de un niño, con los mismos ojos y ese mismo cabello tan oscuro… No, era imposible equivocarse. Era él.
- Spoiler:
- Perdona lo corto, pero ando un poco seca pa' la Concha todavía... Uu
Invitado- Invitado
Re: Empalagoso: Zalamería Fastidiosa Además de Chocolate. (Priv. Conce y Tco)
-Sí, soy chileno.- Y azotado por la seguridad de estar completamente en lo correcto y de que no pasaría la vergüenza de equivocarse agregó rápidamente: -Y voh soy una penquista, ¿verdad?- Sí, aún planeaba tentar el camino antes de tirarse al vacío con una pregunta tan directa, no podía decirle directamente "soy tu primo", si estaba errado las consecuencias serían probablemente la risa de la mayor y una razón más para que ésta se burlara de él. Es por eso que agregó:-¿No conoceríai a una cabra llamada Concha? O así le decían, me parece mucho.- Se había encorvado sobre las vitrinas, enfrente de la caja tras entregarle el chocolate a la mujer. Se lo había regalado como referencia a lo "perra" que se veía; casi un estereotipo con su cabello desordenado y aquella forma de vestir, pero ya no le parecía una broma de muy buen gusto y sólo se sentía confundido. Se sentía increiblemente solo en aquella ciudad. Desde que se fuera de su ciudad, incluso desde antes ya, cuando eran pocos los amigos que le quedaban, cuando sus relaciones familiares eran malas y únicamente contaba con el apoyo de uno o dos primos. Tan solitario, tan orgullosamente solitario y tan dolorosamente solitario. ¿Qué hacer, cómo reaccionar si realmente la joven se mostraba como una amiga? O como lo que entre ellos podría llamarse una "amistad fraternal" y que efectivamente luego se desarrollaría, aunque por el momento ambos estuviesen en tal estado de confusión que el temuquense no supiese si reír y echarse en brazos de la mujer o llorar. O simplemente ignorarla por completo.
- Spoiler:
- No me gusta escribir en el liceo y directamente, ya sabes Uu... creo que perdí el hilo en más de alguna parte, te dejo el resto a tí.

Leftraro Calfumil [Tco]- Huérfano

- Mensajes: 38
Fecha de inscripción: 26/08/2011
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